El arte de cuidar los libros: cómo limpiar, ordenar y proteger tu biblioteca doméstica

Más allá de una cuestión estética, el cuidado de los libros ayuda a prevenir el moho y las plagas

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Inés Vazquez Noya

Editor

Mantener la biblioteca en casa en buenas condiciones va más allá de simplemente quitar el polvo; implica proteger el papel, las cubiertas y las encuadernaciones frente al desgaste y los riesgos biológicos.

Tal como advierte el Northeast Document Conservation Center (NEDCC), una limpieza regular y metódica es indispensable para mantener a raya la suciedad, prevenir el moho y evitar plagas. Los expertos aseguran que esta acción de conservación debe ser tan delicada como rigurosa, adaptándose al estado particular de cada volumen.

Si hay piezas frágiles con encuadernaciones deterioradas o ejemplares con cuero desprendido, estos corren el riesgo de sufrir daños irreversibles si no se manejan con extrema precaución o bajo la supervisión de un conservador profesional.

La recomendación general de especialistas como libreros y restauradores, es optar por métodos mecánicos suaves que no incorporen humedad ni fricción agresiva sobre el papel. El procedimiento consiste en retirar los libros de uno en uno, manteniéndolos cerrados para evitar que la suciedad penetre entre las páginas.

Utilizando un cepillo limpio de cerdas blandas, se debe limpiar el borde superior al ser la zona donde más se concentra el polvo, barriendo siempre desde el lomo hacia el exterior con un movimiento unidireccional y evitando frotar de ida y vuelta sobre las cubiertas o el bloque de texto. Aunque el NEDCC admite el uso ocasional de una aspiradora de alta eficiencia con cepillo blando y potencia reducida ante acumulaciones abundantes, este accesorio jamás debe apoyarse de forma directa sobre el material para prevenir rayones o abolladuras.

Además de los libros en sí, el cuidado se extiende también al mantenimiento del mobiliario y al control ambiental del espacio. Al limpiar los estantes, se aconseja retirar los volúmenes y avanzar de arriba hacia abajo, asegurándose de que las superficies queden totalmente secas antes de recolocar los ejemplares, ya que la humedad retenida acelera el deterioro del papel. Asimismo, en la limpieza de los suelos es preferible aspirar en lugar de barrer para evitar que las partículas de polvo suspendidas vuelvan a depositarse sobre las estanterías.

Instituciones como The Library Congress (Biblioteca del Congreso de Estados Unidos) señalan que los libros deben conservarse en espacios frescos, limpios y estables, manteniendo una humedad relativa de entre 35% y 50%, y alejados de sótanos húmedos, fuentes de calor o luz solar directa que alteren los materiales. En cuanto a su disposición, es ideal agruparlos por tamaños similares y mantenerlos en posición vertical con un buen soporte lateral para evitar inclinaciones forzadas, reservando la colocación horizontal únicamente para volúmenes muy grandes que carezcan de estabilidad. Sumado a esto, mantener el buen hábito de manipular los libros con las manos limpias y secas termina por garantizar la preservación de la biblioteca en perfectas condiciones.

Imagen | freepik

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