Todos reconocemos los cipreses de los cementerios, pero su presencia tiene una explicación que viene de la Antigüedad

Su follaje perenne, su longevidad y su silueta ascendente convirtieron este árbol en un símbolo de eternidad mucho antes de que formara parte del paisaje de nuestros camposantos

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Joana Costa

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Hay una imagen que se repite en muchos cementerios: un camino entre sepulturas y, a ambos lados, cipreses que parecen custodiar el paseo. En las visitas de Todos los Santos, entre ramos y recuerdos familiares, estos árboles suelen quedar en segundo plano. 

Sin embargo, su presencia responde a una tradición antigua, vinculada a la manera en que distintas culturas han representado la muerte y la permanencia. La explicación no empieza en los cementerios cristianos. En realidad, el ciprés ya se utilizaba en los recintos funerarios del sur de Europa en tiempos de griegos y romanos, que lo consideraban un símbolo inmortal. 

Hojas para siempre

Su asociación con los difuntos tiene, por tanto, un recorrido mucho más largo que el de nuestros actuales camposantos.  Una de las claves está en sus hojas perennes, que se mantienen a lo largo de todo el ciclo de vida de la planta.

Mientras otros árboles pierden el follaje en otoño, el ciprés conserva su aspecto verde, una característica que se ha interpretado como representación de la continuidad de la vida. Ese verdor permanente encaja con la idea de inmortalidad del alma. 

Conexión del cielo y la Tierra

También importa su silueta. El ciprés estrecho y alargado, tan habitual en estos recintos, dirige la mirada hacia arriba. Existía la creencia de que este árbol conectaba el cielo con la Tierra y facilitaba la elevación de las almas. Su forma ascendente adquirió así un significado espiritual, más allá de su utilidad como elemento de jardinería. 

A ese simbolismo se suma su larga vida. Este árbol puede alcanzar los 500 años, una longevidad que ayuda a entender su relación con la permanencia. Un árbol capaz de acompañar a varias generaciones resultaba especialmente adecuado para un espacio dedicado a preservar el recuerdo de quienes ya no están.

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La mitología también aporta una historia. El mito de Cipariso, convertido en ciprés por Apolo, es una referencia antigua de la relación entre este árbol y el duelo. La narración cuenta que el joven mató accidentalmente a su ciervo y quedó sumido en la tristeza.

El ciprés también reúne cualidades prácticas: resiste la sequía, admite la poda y se emplea en setos y alineaciones. Pero su presencia no se limita a los lugares de enterramiento; también aparece en jardines, villas y caminos. Aunque se reconoce como un árbol funerario es una especie con muchos usos sobre la que siglos de cultura han depositado un significado particular. 

Fotos | Pexels/Sebastian Ehgartner y Pexels/Omar Gerardo

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