Virgilio, el joven que vive en plena montaña asturiana restaurando una cabaña abandonada con más de dos siglos de antigüedad: “Cuando la compré, pasé un detector de metales y encontré un maravedí de 1740”

El hombre compró estos restos abandonados en Asturias por 3.000 euros y ahora la restaura para vivir sin luz ni gas

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Joana Costa

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Son muchos los compran y quien busca una casa en el campo y quien acaba encontrando, casi sin pretenderlo, una construcción con cerca de tres siglos de historia. 

Esto último es lo que le ocurrió a Virgilio en plena montaña asturiana, donde compró por apenas 3.000 euros una vieja cabaña abandonada que ahora intenta transformar en su hogar.

Todo empezó durante el confinamiento de 2020. Virgilio vivía entonces en un pequeño apartamento de una habitación en Oviedo, pero comenzó a pasar más tiempo en el pueblo donde sus abuelos tienen una casa. Allí supo que una antigua cabaña de la zona estaba en venta y decidió comprarla. 

El problema era que tenía por delante una rehabilitación considerable y prácticamente ninguna experiencia. "Yo no había hecho ni una mezcla de cemento en mi vida cuando compré esto. No había hecho nada", reconoce en una entrevista en el canal de YouTube hilux_aventura.

La primera sorpresa apareció prácticamente bajo sus pies. Después de comprarla, pasó un detector de metales por la propiedad y encontró un maravedí de 1740 enterrado entre los restos del suelo original. "Tendrá casi 300 años esta vivienda", explica. La moneda no permite por sí sola fechar exactamente la construcción, pero sí da una idea del pasado que todavía permanece escondido entre sus muros.

Virgilio

Aprendiendo sobre la marcha

Sin embargo, la cabaña estaba lejos de ser una de esas casas rurales antiguas que únicamente necesitan pintura y muebles nuevos. Era una auténtica ruina que llevaba años abandonada, así que Virgilio ha tenido que aprender sobre la marcha buena parte de los trabajos necesarios para recuperarla. 

"Mola ver cómo vas avanzando, ir viendo cómo conviertes esto que era una ruina en algo que va cogiendo forma", cuenta. Al menos tiene una ventaja importante: la carretera llega prácticamente hasta la construcción y facilita el transporte de materiales y herramientas.

El precio también fue uno de los grandes atractivos. Pagó 3.000 euros por la propiedad, aunque pronto comprobó que comprar barato no significa necesariamente que todos los gastos lo sean. "Si pagué por ella 3.000 euros, pagué de notario e impuestos casi 800, una locura", recuerda. A esa cantidad hay que añadir después materiales, herramientas y todo lo necesario para devolver la habitabilidad a una construcción abandonada.

Virgilio

Pero el proyecto va bastante más allá de tener un refugio para escaparse algunos fines de semana. Virgilio quiere convertirla en una vivienda lo más autosuficiente posible, incluso renunciando a algunas de las conexiones que damos por hechas en cualquier casa. "La idea es ser lo más independiente, no depender de nada: ni conectar a la red eléctrica, ni gas, ni nada", explica.

También ha cambiado su idea de cómo debería quedar la casa. Inicialmente pretendía conservarla prácticamente tal y como estaba, respetando al máximo la construcción antigua. A medida que ha avanzado la obra, sin embargo, las necesidades de una vivienda real se han impuesto: quiere levantar un piso y ganar espacio para hacerla más habitable. "Yo al principio lo que quería era dejar la cabaña lo más original posible, pero una vez me puse, quiero subir piso y hacerla lo más habitable posible", reconoce.

Virgilio

El proyecto se encuentra ahora temporalmente parado porque Virgilio ha tenido que someterse a una operación en una mano. No es el único contratiempo: permisos, trámites administrativos y el propio trabajo físico han ralentizado una rehabilitación que nunca tuvo un calendario demasiado sencillo.

Él, sin embargo, parece haber asumido que rehabilitar una cabaña de casi tres siglos no es precisamente una reforma de fin de semana. "Esto lo voy a terminar, eso está claro. Si no me lo tiran, lo acabo. Puedo tardar todo lo que tarde, pero esto lo acabo fijo", sentencia. Después de encontrar una moneda de 1740 bajo el suelo, quizá las prisas tampoco tengan demasiado sentido.

Fotos | hinux_aventura

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