
Subir el termostato no resuelve el problema si el frío entra por la ventana
A menudo, cuando se piensa en planificar el confort térmico de una vivienda, las ventanas suelen quedar en un segundo plano frente a la calefacción o el aislamiento de las paredes. Sin embargo, los arquitectos fundadores de Acuatro Arquitectos —Mario Jaramago, director del área de rehabilitación de edificios, y Hela Alvarado Briceño, directora de proyectos de interiorismo y reforma residencial— destacan que la ventana es uno de los puntos más sensibles de la fachada.
Según explican, una abertura poco aislante puede perder mucho más calor por metro cuadrado que un muro bien aislado, condicionando de forma directa la temperatura del ambiente sin importar su tamaño. Cuando este problema se combina con vidrios fríos o infiltraciones de aire, la reacción habitual es subir el termostato, pero esto es un acto ineficaz que no resuelve la incomodidad del cerramiento y que, además, suele ir acompañado de problemas de ruido exterior y condensaciones.
Para garantizar un aislamiento real, los expertos recalcan que una buena ventana es un sistema integral. No basta con elegir el material del marco (PVC, madera o aluminio) o pedir un "doble acristalamiento"; es necesario coordinar la composición del vidrio —con tratamientos bajo emisivos o de control solar— junto con el desempeño térmico del cajón de la persiana, las juntas y los herrajes. Asimismo, advierten que la instalación en el encuentro con la fachada es decisiva: un mal montaje anula por completo las prestaciones del mejor producto.
A la hora de intervenir, los arquitectos aconsejan evaluar si la sustitución es imprescindible o si bastan soluciones parciales, como ajustar cierres, restaurar carpinterías patrimoniales de madera o cambiar únicamente el acristalamiento.
Por último, recuerdan que las posibilidades de diseño varían según el tipo de inmueble: mientras en una casa unifamiliar existe libertad para abrir ventanales hasta el suelo o lucernarios, en un piso en comunidad se debe respetar la estética del edificio. En cualquier escenario, adaptar el proyecto a la orientación solar (Sur, Norte o Este/Oeste) resulta clave para maximizar la luz y el ahorro energético.
Imagen | @acuatroarquitectos
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