El baño, además de ser un espacio funcional, puede ser un ambiente estético donde la practicidad y el aprovechamiento del espacio se planifican al detalle.
Con esta visión, la elección del sanitario juega un papel importante: los modelos suspendidos con cisterna empotrada han pasado de ser una tendencia de diseño a consolidarse como una de las opciones más solicitadas en las renovaciones contemporáneas.
David Sevilleja, conocido en redes sociales como @todosobrereformas, es un fiel defensor de los inodoros suspendidos con la premisa de resolver los problemas de espacio e higiene de los modelos tradicionales de pie.
El experto defiende su uso ya que permite "ocultar lo que estorba para ganar amplitud visual". Al ocultar el tanque y eliminar el apoyo sobre el pavimento, se genera una franja continua de suelo que aporta una gran sensación de amplitud visual. A este diseño de líneas limpias se suma la facilidad para la limpieza de todos los días, ya que la ausencia de pie y rincones permite pasar la fregona por debajo de forma ágil.
Desde el punto de vista técnico, el sanitario se fija a un bastidor autoportante de acero oculto tras la pared o en un tabique recrecido. Según el tipo de muro, existen bastidores fijados a la pared, universales o autoportantes fijados al suelo; estos últimos son los más recomendados al no descargar peso en el muro.
Esta estructura soporta hasta 400 kilos, integra una cisterna de una sola pieza que minimiza fugas y añade la ventaja de la doble descarga (3 y 6 litros) para optimizar el consumo de agua. Además, permite ajustar la altura de la taza durante el montaje para personas mayores o con movilidad reducida, y su mantenimiento no requiere romper el alicatado, ya que el propio pulsador frontal actúa como registro.
Eso sí, el especialista hace mención a los condicionantes de obra y al presupuesto. Para alojar el bastidor es necesario contar con suficiente profundidad o recrecer la pared entre 8 y 18 centímetros, un volumen que se puede levantar con placas de yeso hidrófugo, por ejemplo, sin necesidad de obra pesada y que suele aprovecharse como repisa a media altura.
Sin embargo, el impacto económico es notable: aunque la instalación se mueve entre 100 y 150 euros, el conjunto completo (bastidor, taza y mano de obra) suma entre 350 y casi 1.700 euros adicionales sin contar el revestimiento. En un contexto donde la reforma integral del baño ha pasado de costar una media de 3.000 euros a superar los 7.000, evaluar estos costos permite decidir si esta del baño encaja dentro del presupuesto de obra previsto.
Imagen | @todosobrereformas
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