Quitarse los zapatos al llegar a casa puede parecer una simple cuestión de comodidad, pero para la bióloga y divulgadora Laura Pinillas (@celulau.bio) debería convertirse en una costumbre básica de higiene doméstica, en cualquier caso pero sobre todo cuando hay niños pequeños en casa.
"Tus zapatos no deberían pasar del recibidor", afirma en una de sus publicaciones. La razón está en todo aquello que puede acabar adherido a las suelas después de caminar por la calle.
Restos que se distribuyen
Pinillas menciona restos de comida en descomposición, pesticidas, metales pesados y otros residuos, además de las bacterias asociadas a la suciedad que encontramos en el exterior. Al continuar caminando con ese mismo calzado por casa, explica, podemos ir distribuyendo esos restos por diferentes habitaciones.
Además, el problema no termina necesariamente en el suelo y puede incluso coger altura gracias a nuestras acciones. La bióloga pone como ejemplo un gesto tan cotidiano como dejar la almohada en el suelo mientras hacemos la cama y volver después a colocarla donde apoyaremos la cabeza.
Lo mismo puede ocurrir con una manta del sofá, unas zapatillas de estar por casa o un tenedor que se cae mientras comemos. Cualquier objeto que caiga al suelo estará entrando en contacto con todo ello.
Zapatos fuera
Por eso, su recomendación es sencilla: quitarse los zapatos nada más entrar y disponer de un zapatero en el recibidor. De hecho, tampoco aconseja guardar directamente ese calzado de calle dentro del armario.
Su sugerencia pasa por una pequeña reorganización de la entrada que, además de ayudar a mantener los suelos más limpios, evita que el calzado que utilizamos fuera recorra también el resto de la vivienda.
Fotos | En Pexels: Alex Tyson y @celulau.bio/Instagram
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